El Ayuntamiento de Bilbao asesora a los aficionados a la micología

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«Tenían una pinta estupenda, pero me dieron mala espina». Iñaki Gorospe, un jubilado de Rekalde, «montañero, cazador y setero», explicaba cómo encontró en Arcentales los ejemplares que ayer trajo al servicio municipal de identificación de setas. Desde el lunes, el Ayuntamiento de Bilbao atiende a los aficionados a la micología que quieran asegurarse de que lo que tienen en sus cestas puede comerse sin temor a una intoxicación. «Ahora han perdido lustre, aunque cuando las encontré eran blancas. Pero algo no me gustó, me dio que eran malas y vengo a ver qué son», añadió Gorospe. Álvaro Chirapozu, jefe de sección de inspección alimentaria y zoonosis del municipio, observó las setas y en un instante dijo: «Son tóxicas».

Amanita muscaria

«Son ‘Entoloma lividum’. No son mortales, pero no se pueden consumir. De hecho es una de las setas que más intoxicaciones causa». Su buen aspecto puede confundir a los buscadores más incautos o recién iniciados, «que a veces dejan de ser prudentes por puro entusiasmo, porque quieren llenar sus cestas cuanto antes». En este mundo, la duda es un riesgo. «El problema es que no hay una norma que valga para todas las especies. Ni para las comestibles ni para las tóxicas. No queda más remedio que identificarlas perfectamente». Si no se sabe a ciencia cierta qué es lo que se ha recogido, lo correcto es no consumir, explicó Chirapozu en la sede de este servicio, que pertenece al Área de Salud y Consumo, en el número 7 de la calle Ugalde. La atención es gratuita y los usuarios reciben un informe impreso que identifica las setas presentadas.

Lepiota brunneoinarnata

El primer día el servicio atendió a una veintena de personas. Ayer, durante los minutos en los que fue presentado a los medios por Yolanda Díez, concejal de Salud, y Chirapozu, reunió a cuatro seteros, entre ellos Gorospe. Detrás llegó Juan Benito Conde, profesor prejubilado, que traía los ejemplares que había encontrado en el Pagasarri. «El error se puede pagar muy caro», insistía Chirapozu. «No son muchas, pero hay algunas especies que son muy tóxicas e incluso mortales».

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