El jabalí y la trufa

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El jabalí, ese animal. Para los urbanitas una bestia simpática de los montes, de colmillos prominentes y pelo recio, que puede animar un domingo de campo y ser la anécdota de la semana entre sus amigos y familiares. ¡He visto un jabalí!

Para la gente de campo, ese mamífero muchas veces inoportuno puede ser el causante de destrozos en los campos de cultivo, puede provocar accidentes de circulación y puede acabar con cosechas enteras.

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Pues bien, el jabalí y la trufa también tienen su especial relación no libre de controversia. El animal, que campa por sus anchas en los montes, siente una gran atracción por el olor que desprende la trufa en invierno, cuando madura. En realidad, ésta es una estrategia natural de supervivencia para el hongo de la trufa negra (Tuber melanosporum Vitt.) que vive bajo tierra. La trufa desprende un intenso olor muy parecido a las feromonas del jabalí, siendo un reclamo muy poderoso para el animal en el monte que es atraído por ésta y que hociquea hasta dar con ella y comérsela.

Para algunos esto es un gran problema, porque el animal se come la trufa y además destroza con su hocico la trufera (los micelios del hongo). Para otros la acción del jabalí puede ser beneficiosa en campo abierto, ya que ejerce una función de dispersión de esporas mediante sus heces por todo el monte, que queda “sembrado” de alguna manera.

Así pues, ¿el jabalí es héroe o villano? La respuesta dependerá del objetivo. Claramente será un animal perjudicial si se entiende el monte o la parcela plantada con árbol micorrizado como una unidad de producción independiente que debe tener las mínimas perturbaciones posibles. Sin embargo, ese animal puede ser beneficioso si se entiende el monte como un “todo” y se fijan objetivos a largo plazo utilizando unas buenas herramientas de gestión.

Trufa negra

Fuente: http://www.mundotrufa.com/

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