Micogastronomía, el arte de cocinar hongos

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Con el aumento de la afición recolectora es evidente que también va en aumento la afición gastronómica relacionada con los hongos. Seguro que más de un recolector se ha encontrado tras una dura jornada en el monte con el disgusto, nunca mejor dicho, de quedarse insatisfecho con el resultado de la cocina de alguna variedad de setas en concreto. Está claro que para gustos los colores y que no todos tenemos las mismas predilecciones, pero la realidad es que en la gran mayoría de rechazos hacía determinadas setas en la mesa, viene dado por no saber interpretar la forma de cocinar la seta. Encontrar el plato o platos adecuados a cada seta es una labor digna de los mejores chefs, no se pueden cocinar todas las setas a la plancha o fritas con ajos como muchos hacen. Algunos hongos requieren de una elaboración especial para poder extraerle toda la esencia que lleva, los mejores platos con hongos son aquellos en los que la seta no domina, sino que acompaña. Salvo casos contados de hongos a la plancha, la gran mayoría de especies de setas tienen que estar cocinadas con el objetivo de acompañar a un plato pero no para ser el ingrediente central. Por ello, cocinar los hongos se convierte en todo un arte para aquellos aventureros de los fogones. Saber interpretar cada seta y acertar en el maridaje de platos y bebidas a los que puede asociarse, se está convirtiendo en toda una aventura que cada día suma más adeptos entre los propios boletaires. Muestra de ello son la cantidad de blogs de cocina que hayamos relacionados con la cocina de hongos, y como inciso señalar la calidad del mejor hongo como es la trufa en sus diversas variantes, pero sin dejar de lado a los boletos, las cesáreas o las trompetas de los muertos, siendo esta última considerada como la trufa de los pobres.

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