Setas del Moncayo

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Desde el punto de vista biológico, el Moncayo es muy interesante porque en muy pocos kilómetros existe una gran variedad de especies vegetales. La acción humana ha alterado la vegetación natural mediante la corta de leña, el pastoreo (que ha producido pastizales) y la repoblación forestal (pinares, sobre todo de Pinus sylvestris). Esta diversidad de masas forestales tiene como consecuencia la presencia de diferentes especies de setas.

aleuria-aurantia

La vegetación cambia desde la base a la cima en sucesión altitudinal. Siguiendo esta estratificación por alturas vamos a considerar cuatro masas forestales representativas: Quercus ilex o carrasca; Quercus pyrenaica o rebollo; Pinus sylvestris y Fagus sylvatica o haya.

Los carrascales termófilos ocupan las zonas más bajas. En ellos es frecuente la peligrosísima A. phalloides, responsable del mayor número de muertes por intoxicación micológica en nuestro entorno. O boletales, como B. queletii con carne amarillenta pero rojo intenso en la base del pie; B. aereus, excelente comestible de carne blanca; B. erythropus, con sombrero afieltrado de color marrón oscuro y carne que azulea intensamente al corte; o B. impolitus, con olor de yodo en la base del pie. También es posible encontrar otras especies como Tremella mesenterca, que aparece sobre árboles muertos y tiene aspecto de gelatina amarillo-anaranjada. Ganoderma lucidum sale en tocones y con el nombre de reishi es actualmente muy usada en homeopatía como prevención y remedio para numerosas enfermedades. Si nos fijamos con más atención encontraremos pequeños representantes del género Marasmius sobre hojas caídas, como Marasmius quercophilus con forma de diminuto paracaídas. Astraeus hygrometricus, que es asidua durante todo el año, con la humedad se abre en forma de estrella.

Russula cyanoxantha

En este mismo hábitat podremos hallar ejemplares de Amanita caesarea, de un bello color naranja y láminas amarillas, apreciado comestible y muy buscada; Leccinum lepidum o también Lepista nuda, ambas buenos comestibles; o Hygrophorus cossus, este no comestible, de color blanco y con olor a polilla.

No siempre es fácil caminar por los rebollares porque son bosques densos y con mucha maleza. Si lo hacemos, veremos que en ellos son asiduas diversas especies de russulas como R. chloroides, de color blanco sucio y carne firme o R. cyanoxantha, buen comestible, con láminas blandas y elásticas. También Xerocomus subtomentosus, con sombrero aterciopelado y poros amarillos. Así mismo podremos encontrar ejemplares de Hydnum repandum, de color anaranjado, carne frágil y aguijones bajo el sombrero en lugar de láminas. Sobre tocones se encuentra Fistulina hepatica, curiosa seta de forma y color parecidos a un hígado. También sobre tocones y raíces aparecen manojos de Collybia fusipes, de pie fusiforme con la base negruzca. Entoloma lividum es tóxica y confundida con la pardilla provoca gran cantidad de intoxicaciones gastrointestinales fuertes. En el pinar de repoblación, que tanta superficie del parque ocupa, veremos Hypholoma fasciculare formando verdaderos céspedes en los tocones. No será raro hallar amanitas, como A. rubescens, cuya carne enrojece al corte y que debe estar bien cocinada antes de ser consumida, o A. spissa, de color gris-pardo que no debemos confundir con la muy tóxica A. pantherina, de margen estriado. También vamos a encontrarnos tricholomas como T. terreum, la popular negrilla, de sombrero gris y afieltrado que recuerda al lomo de un ratón o T. equestre, apreciada tradicionalmente como un excelente comestible y que recientemente ha provocado en Francia intoxicaciones mortales.

O boletales, como el frecuentísimo y viscoso Suillus granulatus; Suillus luteus, también viscoso pero este con anillo o Chroogomphus rutilus llamado pata de perdiz, de láminas gruesas y color cobrizo o rojizo anaranjado.

No faltarán grandes ejemplares de Macrolepiota procera, como parasoles escamosos; ni la seta más conocida en Aragón, el robellón o Lactarius deliciosus, de color y leche anaranjados. Otra especie interesante es Gymnopilus spectabilis, el hongo de la risa, de sabor muy amargo. En lugares encharcados podremos ver Mitrula paludosa, claviforme y de color amarillo-anaranjado vivo. En los caminos que recorren el pinar podremos encontrar Aleuria aurantia, con forma de copa y de un color naranja llamativo. Sobre piñas vamos a encontrar Auriscalpium vulgare, pequeña seta con pinchos bajo el sombrero en lugar de láminas. O Mycena seynesii, esta con láminas.

Entre las setas del fresco hayedo, tan agradable para pasear en verano, podemos mencionar Clitocybe nebularis, la pardilla, mal tolerada por muchas personas a las que provoca problemas digestivos. Y varios boletos, como B. aestivalis, con retículo bien marcado en el pie, buen comestible; Xerocomus chrysenteron, con carne roja bajo la cutícula; o el curioso Strobilomyces strobilaceus, de color gris oscuro con aspecto de piña.

Además de Russula foetens, de buen tamaño, con carne maloliente y de sabor desagradable. Rozites caperata, de color ocre amarillento y pie con un estrecho anillo estriado. Cantharellus cibarius, de color amarillo o anaranjado y con pliegues bajo el sombrero, apreciado comestible. Muy habitual en todas las épocas del año, es Polyporus varius, de carne elástica, con poros bajo el sombrero y la base del pie negra, que sale sobre ramas caídas. También es frecuente ver Pluteus cervinus, aunque siempre pocos ejemplares. Y la bonita Oudemansiella mucida de sombrero blanco y muy viscoso. En algún tronco es posible ver la rara Hericium clathroides, con aspecto de coral de color blanco.

Clitocybe nebularis

Fuente: SM CaesarAugusta (Zaragoza) Boletín 2

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