Los incendios forestales normalmente destruyen la mayoría de micelios superficiales, tanto de hongos saprófitos como de micorrizógenos por las altas temperaturas generadas por el fuego (FERNANDEZ, 2010) y por los cambios químicos que se producen en el suelo, como el aumento del pH, la pérdida de materia orgánica y el aumento de cationes de calcio, magnesio y potasio (DE LAS HERAS & col., 1991).

Pero la falta de competencia provoca la colonización de las zonas quemadas por “hongos adaptados al fuego”, denominados hongos pirófilos o antracófilos que restablecen las condiciones del suelo originales, para que en el transcurso de uno o dos años vuelvan a ser colonizados por otros hongos característicos de la zona. Debido a su valor económico y comestible, destacan por encima de todos, las colmenillas pirófilas, que fructifican en grandes cantidades después de los incendios, tanto que algunos nativos americanos usaban el fuego para gestionar su producción (ANDERSON & col., 2013), práctica por desgracia que sigue siendo habitual en algunos países sudamericanos (ANÓNIMO, 2015).

¿Por qué fructifican las colmenillas pirófilas de forma masiva después de los incendios?

La fructificación masiva de las colmenillas pirófilas en primavera tras los incendios forestales veraniegos continúa siendo un misterio sin resolver. La principal hipótesis es su supervivencia en forma de esclerocios durante el incendio a una profundidad del suelo que el calor generado no sea letal. Posteriormente durante los meses fríos de invierno los esclerocios generan micelios que se expanden rápidamente hacia la superficie sin tener prácticamente competencia de otros hongos. Finalmente, en primavera cuando se dan las condiciones de humedad y de temperatura fructifican sus cuerpos fructíferos (PILZ & col., 2007; LARSON & col., 2016). Este ciclo de fructificación es más fuerte durante la primera primavera tras el incendio, luego se produce una pequeña fructificación residual en la segunda primavera, hasta que finalmente se restablecen las condiciones del suelo para que sean colonizados por micelios de otros hongos que acaban desplazando a los propios micelios de las colmenillas.

Morchella importuna. Crédito: Javier Marcos

Otros hongos presentan otros mecanismos de supervivencia frente al fuego, como micelios muy profundos en el caso del ascomiceto Rhizina undulata, que necesita temperaturas entre 35 y 40 ºC para que se activen sus esporas (FERNANDEZ, 2000). Otras especies tienen una gran velocidad de colonización de las zonas quemadas, como es el caso de las especies de ascomicetos del género Anthracobia (DÄHNCKE, 2012).

¿Cuáles son las principales especies de colmenillas pirófilas?

Las colmenillas pirófilas son hongos ascomicetos pertenecientes al género Morchella, que fructifican  sobre zonas quemadas. Pueden ser de dos tipos:

Estrictas

Son especies saprófitas exclusivas de zonas quemadas que aparecen de uno o dos años posteriores al incendio.

  • eximia
  • exuberans

En América además de las dos especies anteriores citadas, también existen otras dos    especies pirófilas estrictas como M. sextelata y M. tomentosa (RICHARD &   col., 2015).

Morchella exuberans. Crédito: Javier Marcos

Facultativas

Especies que no son exclusivas de zonas quemadas. Aparecen en zonas quemadas, pero también pueden aparecer en otros hábitats diferentes.

  • dunensis
    • importuna
  • esculenta
  • rufobrunnea

En antiguas hogueras, carboneras o incendios de baja intensidad, en los que se mantienen los árboles vivos se pueden encontrar algunas especies saprosimbióticas como M. dunalii, M. palazonii, M. purpurascens y M. tridentina.

Morchella dunensis. Crédito: Javier Marcos

¿Cómo se pueden consumir las colmenillas pirófilas sin riesgo?

Como todas las colmenillas sean o no pirófilas deben consumirse con moderación en pequeñas cantidades inferiores a (100 – 300 gramos en fresco, dependiendo de la bibliografía consultada) para evitar intoxicaciones. Se debe realizar un tratamiento previo, que consiste en una deshidratación previa para eliminar las neurotoxinas responsables del síndrome cerebeloso (SAUVIC & col., 2010, PIQUERAS, 2013) y una posterior cocción (de 10 – 30 minutos dependiendo de los autores consultados) con la tapa abierta para que se evaporen las toxinas termolábiles responsables del síndrome gastrointestinal (SAUVIC & col., 2010, PIQUERAS, 2013, GRY & col., 2014) y el posible síndrome hemolítico leve (PIQUERAS, 1996). Se recomienda no consumir junto bebidas alcohólicas porque pueden generar intoxicaciones similares al síndrome antabus o coprínico (BEUG & col., 2006; PIQUERAS, 2013). Además estas especies pirófilas pueden ocasionar intoxicaciones químicas porque absorben los metales pesados y las toxinas procedentes de las suspensiones químicas ignífugas que liberan los aviones cisternas para controlar algunos incendios (PILZ & col., 2007).

A manera de curiosidad, indicar que hay que extremar precauciones de no confundir las colmenillas con los bonetes, que son especies de ascomicetos muy tóxicos pertenecientes al género Gyromitra, que generalmente presentan la mitra en forma de nuez o de cerebro característico. Recientemente, en el año 2018 se ha publicado una especie de bonete pirófilo, Gyromitra anthracobia, especie tóxica que puede compartir hábitat en zonas quemadas con las colmenillas (CROUS & col., 2018).

Bibliografía

Artículos:

ANDERSON, M. K. & F. K. LAKE (2013). California Indian ethnomycology and associated forest management. J. Ethnobiol., 33: 33–85.

BEUG, M. W., SHOW, M. & K. W. COCHRAN (2006): Thirty-Plus Years of Mushroom Poisoning: Summary of the Approximately 2,000 Reports in the NAMA Case Registry. McIlvainea 16: 47-68.

CROUS P. W.; WINGFIELD M. J. & col. (2018). Fungal Planet description sheets: 716–784. Gyromitra anthracobia. Persoonia, 40: 240-393.

FERNANDEZ, F. J. (2000). El fuego y los hongos del suelo. Cuadernos de la S.E.C.F., 9: 101-107.

DE LAS HERAS, J.; MARTÍNEZ, J. J. & J. M. HERRANZ (1991). El impacto ecológico de los incendios forestales. Al-Basit: Revista de estudios albacetenses, 29: 105-117.

LARSON, A.; CANSLER, C.; COWDERY, S.; HIEBERT, S.; FURNISS, T.; &  SWANSON, M. & J. LUTZ (2016). Post-fire morel (Morchella) mushroom abundance, spatial structure, and harvest sustainability. Forest Ecology and Management, 377: 16-25.

PIQUERAS, J. (2013). La toxicidad de las colmenillas: Hechos, mitos e hipótesis. A.M. Font i Quer, 7: 32-47.

RICHARD, F.; BELLANGER, J.- M.; CLOWEZ, P.; COURTECUISSE, R.; HANSEN, K.; O’DONNELL, K.; SAUVE, M.; URBAN, A. & P.-A. MOREAU (2014). True morels (Morchella, Pezizales) of Europe and North America: Evolutionary relationships inferred from multilocus data and a unified taxonomy. Mycologia 107.

SAVIUC, P. H.; HARRY, P.; PULCE, C.; GARNIER, R. & A. COCHET (2010). Can morels (Morchella sp.) induce a toxic neurological syndrome?. Clinical Toxicology, 48: 365–372.

Blog:

DÄHNCKE, R. M. (2012). Las setas después de los incendios. Disponible en: http://medionaturaldecanarias.blogspot.com/2012/10/las-setas-despues-de-los-incendios.html

Libros:

PIQUERAS, J. (1996): Intoxicaciones por plantas y Hongos. Masson Ed. Barcelona.

PILZ, D.; MCLAIN, R.; ALEXANDER, S.; VILLARREAL-RUIZ, L.; BERCH, S.; WURTZ, T. L.; PARKS, C. G.; MCFARLANE, E.; BAKER, B.; MOLINA, R. & J. E. SMITH (2007). Ecology and Management of Morels Harvested from the Forests of western North America. USDA Forest Service General Technical Report PNW-GTR-710. 161 pp.

GRY, J.; ANDERSSON, C.; Lyran, B,; Jensvoll, L.; Matilainen, N.; Nurttila, A.; Olaffson, G. & B. FABECH (2014). Mushroom traded as food. Nordic Risk assessment. 57 pp.

Prensa:

ANÓNIMO (2015). Queman bosque nativo en Palena para cosechar hongos morchella. Soy chile. Edición digital de 9/02/2015. Disponible en: https://www.soychile.cl/Puerto-Montt/Sociedad/2015/02/09/304161/Queman-bosque-nativo-en-Palena-para-cosechar-hongos-morchella.aspx

close

¡No te pierdas las novedades!

¡No enviamos spam!

¿Te ha gustado? ¿Quieres aportar algún detalle? ¡Deja tu comentario!

Realiza un comentario¡
Introduce tu nombre aquí