El verano más cálido y seco de la serie histórica pone a prueba nuestros montes, pero las lluvias de finales de verano pueden cambiar el guion. Analizamos las principales zonas micológicas de España y las especies comestibles que podrían protagonizar la campaña de otoño.
Hablar de setas en agosto es, en cierto modo, hablar de futuro.
Todavía quedan semanas para que buena parte de nuestros bosques entren en su verdadero periodo micológico, pero el otoño comienza a cocinarse mucho antes de que aparezcan los primeros boletus, níscalos o rebozuelos. Lo que ha ocurrido durante el verano, la cantidad de agua que conserve el suelo, las temperaturas nocturnas y, sobre todo, cómo evolucione la meteorología durante septiembre serán determinantes. Y este año tenemos un ingrediente especialmente importante: un verano extraordinariamente cálido y seco.
Según los datos de AEMET, junio de 2026 fue el segundo junio más cálido y el tercero más seco de toda la serie histórica. Julio ha ido todavía más lejos: ha sido el mes más cálido y seco registrado en España desde 1961, con una temperatura media de 25,7 ºC y apenas 4,6 litros por metro cuadrado de precipitación media, el 26 % de lo habitual.
Sin embargo, aquí aparece la otra cara de la moneda. La predicción estacional de AEMET para agosto-septiembre-octubre apunta a una probabilidad muy alta de temperaturas superiores a la media y, al mismo tiempo, a una probabilidad elevada de precipitaciones superiores a lo normal en buena parte del país, especialmente debido a episodios convectivos durante agosto y septiembre.
¿Significa esto que tendremos una mala temporada?
No necesariamente. De hecho, todavía estamos ante una campaña completamente abierta.
El agua es importante, pero no es suficiente
Uno de los errores más frecuentes entre los aficionados es pensar que después de una buena lluvia las setas aparecen automáticamente.
No funciona exactamente así.
Para que una seta fructifique debe producirse una combinación de factores: humedad disponible en el suelo, temperatura adecuada, estado fisiológico del micelio, estado del arbolado asociado cuando hablamos de especies micorrícicas y unas condiciones ambientales que permitan completar el proceso de formación del cuerpo fructífero. Por eso una tormenta de verano puede ser fantástica para determinadas especies y prácticamente irrelevante para otras.
También es importante diferenciar entre lluvia y agua realmente aprovechable por el bosque. Una tormenta muy intensa puede dejar cantidades importantes en poco tiempo, pero una parte considerable puede escurrirse superficialmente, especialmente en suelos secos y compactados. En cambio, varias precipitaciones moderadas y separadas en el tiempo pueden conseguir una recarga mucho más eficaz del suelo.
Y este otoño tendremos que vigilar precisamente eso.
Tras un verano extremadamente seco, las primeras lluvias tendrán que superar inicialmente un importante déficit de humedad. Si después llegan nuevas precipitaciones y las temperaturas comienzan a descender, el escenario puede cambiar rápidamente.

Un otoño que puede empezar tarde… pero no tiene por qué ser malo
La fotografía actual nos lleva a pensar en una campaña que podría presentar un inicio irregular y muy dependiente de la zona, especialmente en los pinares y bosques que hayan sufrido una fuerte desecación estival.
No sería extraño que las primeras floradas importantes se retrasasen en algunas áreas.
Pero también existe otra posibilidad: que septiembre aporte sucesivos episodios de lluvia y las temperaturas bajen progresivamente. En ese caso, el retraso inicial podría quedar compensado posteriormente por una buena campaña durante octubre y noviembre.
En micología, pocas veces existe una relación directa entre «ha llovido mucho» y «habrá muchas setas».
Lo que debemos buscar es la secuencia meteorológica adecuada.
¿Qué podemos esperar en las principales zonas micológicas?
No tiene mucho sentido hacer una predicción para cada provincia. España posee una enorme diversidad de hábitats y dentro de una misma comunidad autónoma podemos encontrar situaciones completamente diferentes.
Por eso vamos a centrarnos en las grandes áreas micológicas que habitualmente concentran buena parte de la producción de setas silvestres comestibles.
Galicia, Cordillera Cantábrica y noroeste peninsular
Es una de las grandes esperanzas para el otoño.
Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y las zonas montañosas de León parten con una ventaja evidente: la influencia atlántica y una mayor capacidad de conservar humedad.
Aquí especies como los rebozuelos, boletus, lenguas de vaca y diferentes especies de trompetas pueden encontrar condiciones favorables cuando regresen las lluvias y bajen las temperaturas.
Los rebozuelos son especialmente interesantes. El género Cantharellus puede fructificar durante el verano en zonas húmedas del tercio norte y en ambientes montañosos eurosiberianos, mientras que en ambientes más mediterráneos suele necesitar periodos húmedos para aparecer con mayor intensidad.
Nuestra previsión: buenas posibilidades si septiembre mantiene la humedad y las temperaturas no continúan excesivamente elevadas.
El gran protagonista será probablemente el Boletus edulis, acompañado por rebozuelos y Hydnum repandum en los bosques más favorables.
Pirineos, Navarra y Montes Vascos
Aquí encontramos otro de los grandes territorios micológicos españoles.
Los hayedos, abetales y pinares de montaña pueden ofrecer una extraordinaria diversidad de especies. Entre las comestibles destacan los boletus, rebozuelos, lenguas de vaca, trompetas y diferentes especies de níscalos asociadas a coníferas.
En los hayedos y abetales pirenaicos, por ejemplo, se citan como especies comestibles estivales y otoñales Boletus edulis, B. pinophilus, Lactarius salmonicolor, Cantharellus, Hydnum repandum y diferentes especies de Craterellus.
El problema de este año será el mismo que en buena parte de España: la evolución de la humedad durante septiembre.
Las zonas de mayor altitud pueden recuperar antes las condiciones apropiadas, mientras que los bosques situados a cotas bajas necesitarán más tiempo después de un verano tan cálido.
Nuestra previsión: zona con buenas perspectivas, especialmente en montaña y si septiembre trae lluvias regulares.
Castilla y León: el gran territorio de boletus y níscalos
Soria, Burgos, Segovia, Ávila, León, Palencia y otras zonas montañosas de Castilla y León forman uno de los grandes núcleos productores de setas silvestres de España.
Aquí debemos separar claramente dos grandes protagonistas.
Por un lado, los boletus, especialmente Boletus edulis y Boletus pinophilus.
Por otro, los níscalos, principalmente Lactarius deliciosus y especies próximas.
Los pinares de la meseta y de las zonas montañosas pueden ofrecer excelentes campañas cuando se produce una buena combinación de lluvia y descenso térmico.
Pero este año la situación es especialmente delicada.
El calor y la sequedad de julio han sido extraordinarios, y durante los primeros días de agosto continúa existiendo un riesgo de incendio muy elevado en buena parte de Castilla y León.
Por tanto, aquí no debemos mirar únicamente al cielo.
También habrá que mirar al monte.
Un bosque que llegue al otoño con una importante pérdida de humedad tendrá una respuesta diferente a otro que haya recibido tormentas bien repartidas. Y los incendios que han afectado a diferentes territorios obligarán además a descartar zonas quemadas y a tener en cuenta la recuperación de los ecosistemas forestales.
Nuestra previsión: campaña muy dependiente de las lluvias de septiembre. Potencial alto para boletus y níscalos en las masas forestales que mantengan buenas condiciones de humedad.
Sistema Ibérico: Soria, La Rioja, Teruel, Cuenca y Guadalajara
El Sistema Ibérico es uno de los grandes territorios que pueden sorprender cada temporada.
Sus pinares, bosques mixtos y zonas de montaña ofrecen hábitats excelentes para boletus, níscalos, rebozuelos, Hydnum y otras especies.
En Teruel, además, encontramos una enorme diversidad de ambientes debido a la combinación de altitud, orientación, tipo de suelo y vegetación.
Aquí las tormentas estivales pueden ser decisivas.
Una tormenta bien situada puede activar determinadas zonas de montaña mientras otras permanecen completamente secas a pocos kilómetros de distancia.
Por ello, este será probablemente uno de los territorios donde más sentido tenga hablar de «manchas» de producción y no de una campaña homogénea.
Los pinares más altos y frescos podrían reaccionar primero. Después, conforme avance el otoño y bajen las temperaturas, la producción puede desplazarse progresivamente hacia cotas inferiores.
Nuestra previsión: potencial medio-alto, pero con una campaña muy irregular si las precipitaciones continúan siendo exclusivamente tormentosas y localizadas.

Cataluña y Pirineo catalán
Cataluña presenta una enorme variedad micológica y será otro de los territorios a seguir.
Los Pirineos y Prepirineos pueden ofrecer boletus, rebozuelos, Hydnum y diferentes especies de níscalos, mientras que los pinares mediterráneos incorporan especies más termófilas.
El verano extremadamente cálido y seco no ayuda, especialmente en las zonas más mediterráneas. Sin embargo, los sectores de montaña pueden recuperarse rápidamente si septiembre aporta lluvias.
Entre las especies más interesantes para el aficionado estarán los níscalos, especialmente en pinares adecuados, y los boletus en las áreas de montaña.
También puede ser un buen territorio para especies que aparecen más tarde, cuando el otoño avance y las temperaturas se suavicen.
Nuestra previsión: desigual. Mejores perspectivas en Pirineos y zonas montañosas que en los ambientes mediterráneos más castigados por el calor y la sequía.
Sistema Central y sierras interiores
Guadarrama, Gredos, Somosierra y otras áreas montañosas del Sistema Central también merecen atención.
Son territorios capaces de producir buenas campañas de boletus, níscalos y otras especies asociadas a pinares, robledales y bosques de montaña.
El inconveniente será nuevamente la desecación acumulada durante el verano.
Aquí las lluvias de carácter tormentoso pueden producir resultados muy diferentes incluso entre valles próximos. Si las precipitaciones de septiembre son suficientes y llegan acompañadas de noches más frescas, algunas zonas pueden experimentar una recuperación sorprendentemente rápida.
Nuestra previsión: potencial moderado, con posibilidad de mejorar mucho si septiembre resulta lluvioso.
Andalucía y Extremadura: el otoño llegará más tarde
Cuando pensamos en la temporada de setas solemos mirar primero hacia el norte.
Pero Andalucía y Extremadura poseen algunos de los ecosistemas micológicos más interesantes de la Península.
Sierra Morena, Sierra de Aracena, Cazorla, Segura, las sierras de Cádiz y Málaga o determinadas áreas extremeñas pueden ofrecer especies mediterráneas de enorme interés.
Aquí debemos tener paciencia.
El otoño micológico suele llegar más tarde que en las zonas montañosas del norte y centro, y muchas especies necesitan que el calor pierda intensidad antes de iniciar una fructificación importante.
Entre las especies más buscadas en determinadas áreas se encuentran los níscalos, diferentes boletales y, cuando las condiciones son adecuadas, especies tan apreciadas como la Amanita caesarea, la popular tana.
Nuestra previsión: actualmente es demasiado pronto para hablar de una campaña definida. Si septiembre y octubre aportan lluvias suficientes y temperaturas suaves, algunas zonas mediterráneas pueden protagonizar campañas muy interesantes cuando el norte comience a apagarse.
¿Y qué ocurre con las zonas afectadas por incendios?
Este otoño tendremos que introducir una variable que en otras temporadas quizá no tendría tanto protagonismo: el fuego.
Los incendios forestales no afectan únicamente a los árboles que vemos arder. También modifican el suelo, la materia orgánica y las comunidades de hongos que viven bajo tierra.
La literatura científica muestra que el fuego puede modificar la composición de las comunidades de hongos ectomicorrícicos y que sus efectos dependen mucho de la intensidad del incendio, el tipo de bosque y las características del suelo.
Por tanto, no podemos asumir que una zona quemada vaya a producir inmediatamente las mismas setas que antes del incendio.
Existe, eso sí, una excepción fascinante: determinados hongos pirófilos, entre ellos algunas colmenillas, pueden aparecer con fuerza después de los incendios, especialmente en determinadas circunstancias y durante las temporadas posteriores al fuego, habrá que estar atentos esta primavera.
Pero esto no significa que un bosque quemado se convierta en un «nuevo paraíso de setas».
Para especies micorrícicas como muchos boletus o níscalos, la pérdida o alteración de sus árboles asociados puede tener consecuencias mucho más prolongadas.
Y, por supuesto, nunca debemos recolectar en una zona recientemente incendiada sin conocer las restricciones y condiciones de seguridad existentes.

Las cinco especies que vigilaríamos este otoño
Si tuviéramos que hacer una quiniela micológica a estas alturas, estas serían algunas de las especies que más atención merecen:
Boletus edulis
El gran termómetro de muchos bosques de montaña.
Necesitará humedad y temperaturas progresivamente más frescas. Si septiembre cumple, podría convertirse nuevamente en uno de los protagonistas de la campaña.
Boletus pinophilus
Especialmente interesante en determinados pinares de montaña y territorios del Sistema Ibérico, Sistema Central y otras áreas adecuadas.
Puede ofrecer campañas extraordinarias cuando la meteorología acompaña.
Lactarius deliciosus y especies próximas
El níscalo sigue siendo uno de los grandes protagonistas del otoño español. Los pinares serán nuevamente su territorio.
Su campaña puede arrancar cuando el suelo recupere humedad y las temperaturas dejen de ser excesivamente elevadas.
Cantharellus spp.
Los rebozuelos pueden darnos alegrías en las zonas más húmedas del norte y en los sistemas montañosos.
Son especialmente interesantes porque determinadas especies pueden comenzar a fructificar antes que otros protagonistas clásicos del otoño.
Craterellus cornucopioides y otras trompetas
Cuando el otoño avance y se acumulen humedad y temperaturas suaves, las trompetas pueden convertirse en grandes protagonistas de determinados hayedos y bosques montanos.
Entonces… ¿será buena la temporada 2026?
A día de hoy sería demasiado aventurado decir que tendremos una campaña excelente. Pero tampoco existen motivos para darla por perdida.
Nuestra lectura es de una campaña con potencial, pero muy condicionada a lo que suceda durante las próximas seis u ocho semanas.
El verano nos deja un déficit hídrico importante y unas temperaturas extraordinariamente elevadas. Julio ha sido especialmente extremo.
La buena noticia es que la predicción de AEMET contempla para agosto-septiembre-octubre un escenario cálido, pero también con mayor probabilidad de precipitaciones en buena parte del territorio, asociadas en gran medida a episodios convectivos. Y ahí estará la clave.

No necesitamos simplemente que llueva. Necesitamos que llueva bien.
Varias lluvias capaces de recargar los primeros centímetros del suelo, seguidas de temperaturas más frescas y sin una nueva ola de calor, podrían cambiar completamente el panorama.
Si, por el contrario, las precipitaciones se quedan en tormentas muy localizadas, acompañadas de temperaturas excesivas y largos periodos secos entre episodios, tendremos una campaña mucho más irregular.
Por eso, a mediados de agosto, nuestra predicción sería:
Norte atlántico y Pirineos: buenas perspectivas.
Castilla y León y Sistema Ibérico: potencial alto, pero muy dependiente de septiembre.
Cataluña y Sistema Central: situación irregular, con margen de mejora.
Zonas mediterráneas y sur peninsular: habrá que esperar a la evolución del otoño.
Y hay una última cuestión que no debemos olvidar.
La mejor temporada no es necesariamente aquella en la que llenamos más cestas, sino aquella en la que el bosque consigue producir, el recolector disfruta y el recurso micológico se mantiene para los años siguientes.
Este otoño, más que nunca, tendremos que aprender a leer el monte. Porque las setas no entienden de calendarios. Entienden de agua, temperatura, suelo, árboles y tiempo. Y el verdadero pronóstico de la campaña 2026 empezará a escribirse con cada lluvia que caiga durante las próximas semanas.




