¿Cómo ponemos freno a tanta intoxicación con setas?

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    Las intoxicaciones con setas se vienen dando desde que el ser humano introdujo en su dieta a este ingrediente que ofrece la naturaleza. Desgraciadamente y hasta el día de hoy tenemos que seguir lamentando este tipo de accidentes, siempre dados por una confusión o desconocimiento del recolector.

    Este tipo de sucesos son los que crean incertidumbre y desconfianza en aquellas personas que desconocen el mundo de las setas. Seguro que os ha pasado en más de una ocasión que habéis regalado unas setas comestibles de excelente calidad, pero el destinatario del regalo presa del miedo prefirió tirarlas antes que comerlas. Es una actitud normal, dado que cada año hay que lamentar alguna pérdida humana por comer setas tóxicas.

    Muchos hemos tenido confusiones en campo, pero para eso está nuestro sentido común, siempre hay que consultar con algún micólogo experto que nos sepa asegurar la especie en concreto, por más que estemos “casi seguros” de que sea lo que pensamos.

    El exceso de confianza el detonante de los accidentes

    El exceso de confianza es el mayor de los enemigos de la seguridad, es el principal causante de los accidentes de todo tipo, no solo las intoxicaciones por setas. No tomar las medidas de prevención necesarias es un mal consejero para quién tiene en sus manos la vida de otras personas. Y es que no somos conscientes, de la tremenda responsabilidad que tenemos los recolectores cuando estamos cogiendo setas por el campo.

    Se puede dar el caso de confundirse con alguna especie tóxica y, además, regalarlas a nuestros familiares y amigos, con lo que tenemos un cóctel ideal para crear un accidente muy grave. Así que ¡Sí!, tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos, no deberíamos recolectar nada de lo que no estemos 100% seguros, sobre todo, no consumir ni dar a consumir jamás ninguna seta de la que no podamos determinar con total certeza su especie.

    Al recolectar setas se adquiere una responsabilidad, ya no solo con uno mismo, sino con aquellos con los que compartes la recolecta

    Menor trasplantada de hígado con éxito tras intoxicación con setas

    No solo tenemos responsabilidad de intoxicar los recolectores para el aprovechamiento de casa, los recolectores profesionales que comercializan las setas silvestres tienen todavía mayor responsabilidad que nosotros, los recolectores de a pie.

    Desgraciadamente tenemos que lamentar un terrible accidente que ha ocurrido hace escasas semanas en Extremadura. Una joven ha tenido que ser trasplantada de urgencias de hígado por fallo hepático tras consumir setas en Badajoz. El trasplante fue con resultado positivo, y ahora la joven está recuperándose de tan traumático accidente vivido.

    Al parecer las setas, que supuestamente eran gurumelos (Amanita ponderosa), las consumió en un restaurant de la zona, con lo que la polémica está servida. Cabría plantearse varias cuestiones, ¿dónde compraron las setas?, ¿quién las recolectó?, o ¿qué formación y experiencia tenía el recolector?

    El gurumelo (Amanita ponderosa) es una seta que puede confundirse con mucha facilidad con otras especies tóxicas. Foto Javier Marcos

    ¿Existe alguna normativa específica para la figura del recolector?

    Claro, no hay una normativa específica que exija una formación mínima para que alguien adquiera el grado de recolector, ni para uso de casa ni para uso comercial. Sí que la hay en la caza, donde al portar un arma se exigen unos requisitos para poder obtener esa licencia de armas que permita la práctica de la caza.

    Pero en temas de recolección de setas no existe ningún tipo de licencia que otorgue a cualquiera un estatus de recolector. La pregunta, viendo el riesgo que supone que alguien recolecte setas para sí o para comercializar y que pueda ser susceptible de provocar una intoxicación, es si debería o no ser obligatoria la obtención de una licencia que asegure unos conocimientos mínimos para la recolección de setas silvestres.

    Así que ante este vacío legislativo y con las dificultades que nos presenta la propia vida, es normal que muchos se lancen al campo a recolectar setas sin casi idea para ganarse un dinero extra con el que poder amortiguar el coste de la vida. De hecho, en los pueblos de las zonas rurales, suele ser una ayuda extra que viene muy bien a los residentes.

    Pero claro, también supone un riesgo que personas sin ningún tipo de conocimiento micológico comercialicen o sirvan en las mesas de sus casas setas que podrían suponer “el último banquete” de sus comensales.

    Conocer a la perfección los caracteres diferenciadores de cada especie es vital para todo recolector

    ¿Deberían existir licencias para la recolección?

    Es difícil plantearse esta cuestión, a nadie nos place que nos pongan límites, pero es cierto, que los hemos sobrepasado, y al final pagaremos justos por pecadores. Todos hemos visto actuaciones en los montes por determinados perfiles de recolectores que ponen en peligro la sostenibilidad del recurso, no por la cuantía, si no por la masificación y sobreexplotación que provocan al compartir ubicaciones de forma indiscriminada. La eterna pregunta de siempre ¿hay que ponerle puertas al campo?

    Cierto es que por más que analicemos la situación, no vamos a encontrar una solución que satisfaga a todos por igual. Pero tenemos la obligación de pensar en la sostenibilidad del recurso micológico y en la de mejorar la seguridad de quienes deciden confiar en quién les sirve un plato cocinado con setas.

    Si no creamos un marco legislativo que permite recolectar con conocimiento y asegurar un circuito comercial seguro, las setas seguirán creando problemas y accidentes que pagarán el bosque y los pobres incautos que decidan comerlas.

    Con las medidas que tenemos actualmente, estos márgenes de seguridad no se dan, así que no nos cabe más que tomar tres caminos, uno el prohibir cualquier práctica recolectora lo que violaría nuestro derecho a autoalimentarnos, el segundo el de prohibir la recolección de setas silvestres para comercialización pero dejar el aprovechamiento para casa aunque siga habiendo riesgo de intoxicación, y el tercero y último, el de exigir un mínimo de formación tanto a recolectores para uso doméstico como para comercialización que permita alcanzar los máximos niveles de seguridad.

    Como la recolección para uso propio no puede desaparecer, puesto que supone un sustento alimentario que ofrece la naturaleza, y como tampoco es lógico prohibir comercializar las setas silvestres, creemos que la tercera opción es la más viable.

    Ahora, no debería ser lo mismo una formación para recolectar 4 setas para casa de forma esporádica, que la de aquél que se dedica de forma profesional a salir diariamente y comercializar sus recolectas.

    Existen permisos comerciales concedidos por organismos y propietarios, pero este tipo de permisos se conceden sin exigir una cualificación acreditativa por parte del recolector, la única condición suele ser el es estar empadronado en la zona.

    Podrían crearse diversos tipos de licencias de recolección

    Del mismo modo que existen diversos tipos de licencias para armas según vaya a ser el uso de éstas, también podría haberlo para la recolección. No es lo mismo, como ya hemos comentado, el recolectar para uso propio que hacerlo con fines comerciales.

    Podría ser una opción el crear una licencia básica, con unos conocimientos mínimos que permitan a los recolectores para el aprovechamiento episódico (=de casa). De este modo, todo recolector sabría lo que recolecta y el cuándo y cómo hacerlo, respetando las más necesarias medidas de recolección sostenible.

    Para el aprovechamiento comercial habría que tener en cuenta los diversos perfiles de recolectores comerciales que existen. Por un lado, tenemos a los recolectores locales, que suelen ser personas residentes en las propias zonas productoras.

    Este tipo de recolectores no suelen comercializar más de 5 especies de setas silvestres comestibles, sus actuaciones se limitan a los montes de su entorno y suelen hacerlo como un trabajo extra, no es su ocupación principal. Para este grupo de recolectores podría ser interesante crear una licencia de recolector comercial básico, de tal modo que recibiera la formación mínima para comercializar un máximo de X especies.

    Existe otra figura de recolector que es la del recolector profesional que dedica el 100% de su tiempo a esta actividad comercial y que supone su única fuente de ingresos. En este caso, estamos hablando de gente que es capaz de recorrer todo el país para poder recolectar las especies que le interesa comercializar, y por tanto debe tener un amplio conocimiento de las setas comercializables y de todo y cuanto las rodea.

    Quizás, en este caso sería exigible una mayor formación, una especie  de grado medio o FP, que permita una profesionalización total del sector. Existe creado ya un Certificado profesional que podéis verlo en la página del SEPE, es la Cualificación Profesional con Referencia AGA548_2 PRODUCCIÓN Y RECOLECCIÓN DE SETAS Y TRUFAS (R.D. 563/2011 de 20 de abril), Unidad de Competencia UC1813_2 – “Realizar la recolección de setas y trufas”.

    Igual ya va siendo hora de comenzar a exigir a todos los recolectores profesionales un Certificado de Cualificación Profesional que permita garantizar a hosteleros y consumidor final una absoluta confianza en el producto micológico. Sea como sea, lo que está claro que no podemos seguir haciendo las cosas tan mal y poniendo en riesgo a los consumidores finales, hay que hacer cambios y pronto.

    La comercialización de setas silvestres, cuanto menos, debe estar más profesionalizada y controlada de lo que lo está, simplemente por el riesgo que supone para el consumidor final

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