Si hay un grave peligro que nos acecha noche y día es, sin duda, la radioactividad que se puede producir en caso de accidente o guerra nuclear. En ambos casos la radioactividad que liberan supone un terrible desastre que pone en riesgo la salud y la vida, sean animales o vegetales pero, curiosamente, algunos microorganismos se benefician de la radioactividad para poder crecer y prosperar, como es el caso de los “hongos radiotróficos”.

Científicos ucranianos publicaron un estudio, catorce años después de la terrible catástrofe nuclear de Chernobyl, en el que se hacían eco del hallazgo de una vasta comunidad de hongos que milagrosamente crecían dentro del reactor nuclear abandonado. Observaron como esas comunidades de hongos eran capaces de medrar en un medio donde, tras un corto tiempo de exposición, moriría cualquier ser humano que quedara expuesto a esos niveles de radiación.

Del muestreo realizado pudieron aislar 37 especies de hongos micromicetos (mohos), divididos en 19 géneros distintos, lo que suposo todo un hallazgo para la ciencia. La mayoría de estos hongos aislados se alimentaban de forma saprófita, aunque también se hallaron hongos fitopatógenos que se cree llegaron allí mediante las corrientes de aire. Se pudo comprobar como algunas especies como Cladosporium sphaerospermum, Penicillium hirsutum, Aspergillus versicolor o Aureobasidium pullulans se adaptaban bien a zonas con elevados niveles de radioactividad.

Un dato curioso a resaltar fue la pigmentación negra que tenían más del ochenta por ciento de los hongos aislados. Los estudios llevados a cabo intuían que los hongos podían detectar la fuente radioactiva y propagarse orientando su crecimiento en su busca. Esta pigmentación negruzca de los hongos venía dada por la melanina.

Por ello se cree que el secreto de la resistencia de estos hongos a la radioactividad reside en la propia melanina, sustancia de color negro que también da pigmentación y protege nuestra piel de la incidencia de los rayos del sol. Esto sugería un posible rol de protección o refuerzo de los hongos ante las adversas condiciones.

La revista PLOS publicó un estudio en el año 2007 que arrojaba luces entre el estrecho vínculo de los hongos-melanina-radioactividad, sugiriendo que la melanina no sólo presentaba un rol protector, sino que además, gracias al hongo Cryptococcus neoformans, observaron como era capaz de captar la radioactividad con ayuda del pigmento de la melanina y utilizarla en su propio provecho para potenciar su crecimiento.

Otro claro ejemplo lo hayamos en la especie de Cladosporium sphaerospermum, que es el predominante en el reactor nuclear destruido, y que mostró un aumento de su crecimiento ante emisiones radioactivas. Los hongos utilizaban la melanina para convertir la radioactividad en energía química y potenciar así su nutrición, emulando el proceso de la fotosíntesis, pero en este caso se trataría de una radiosíntesis.

¿Serán los hongos los que nos salven ante un posible desastre nuclear?… quién sabe, aunque lo que queda bien claro es que son una parte importante de la vida de este planeta.

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