Si hay algo que conecta tan profundamente como las redes de micelio bajo nuestros pies, es una sala de cine llena de personas que comparten una misma fascinación por el reino fungi.
El pasado 13 de diciembre de 2025, Barcelona se convirtió por primera vez en el escenario europeo de Fungi Film Fest, un festival de cine dedicado íntegramente a los hongos, sus historias, su ecología y su magia silenciosa.
Más que una proyección audiovisual, fue una celebración comunitaria, un punto de encuentro para micófilos, micólogos, artistas, investigadores y curiosos que vieron en la pantalla y en las conversaciones posteriores cómo el mundo fúngico se despliega fuera de los libros y las excursiones.
El cine como micelio cultural
El Fungi Film Fest (FFF) es el único festival internacional que gira en torno al tema de los hongos en todas sus formas: documentales, animaciones, piezas experimentales y relatos que exploran desde la ecología fúngica hasta nuestra relación simbiótica con ellos.
La edición de 2025 llevó su programa a Barcelona, proyectándose en Zumzeig Cine Cooperativa un sábado de diciembre, en un ambiente que mezclaba cine independiente, arte y pasión micológica.
Lo más notable fue cómo, a lo largo de más de dos horas de proyecciones, la pantalla se transformó en un puente entre mundos: desde animaciones que hablaban de micelio como metáfora de conexión, hasta documentales que exploraban la ecología fúngica o la vida de investigadores en el campo. El resultado fue una mirada amplia y poética, lejos de un documental tradicional, pero profundamente conectada con la experiencia de quienes aman los hongos.

Comunidad, cine y micelio: un mismo tejido
El festival no solo trató de cine. La organización puso el acento en la comunidad, un valor que los micólogos —y la naturaleza en general— conocen bien. Después de la proyección, hubo un espacio de convivencia con música en vivo, comida inspirada en hongos y un pequeño mercado donde proyectos locales, productores y artistas micológicos pudieron presentarse y conectar.
Fue un momento para intercambiar ideas, semillas, contactos… o simplemente historias de salidas micológicas, descubrimientos curiosos y preguntas que siempre surgen al hablar de setas. Esta mezcla de cine y comunidad reflejó, en cierto modo, cómo pensamos el micelio: como redes de vidas entrelazadas, invisibles a primera vista, pero fundamentales cuando se revelan juntas.
Por qué fue especial
Para muchos asistentes, el Fungi Film Fest fue más que ver películas; fue reconocer la importancia de los hongos en nuestras vidas. Los filmes exploraban cómo los hongos modelan ecosistemas, cómo inspiran creatividad, cómo transforman la ciencia y la cultura. Las historias iban desde piezas más poéticas hasta documentales de campo, mostrando la diversidad de miradas posibles sobre los hongos y su mundo.
También sirvió para recordar que, así como el micelio se extiende en red bajo nuestros pies, nuestras experiencias también pueden formar comunidades vivas de aprendizaje, colaboración y cuidado —un tejido social tan rico como el fúngico que tanto admiramos.
Aquella jornada en Barcelona fue una invitación a mirar los hongos desde otra lente: no solo como cuerpos fructíferos o ingredientes culinarios, sino como protagonistas de relatos, filosofías e historias capaces de inspirarnos tanto como cualquier otra forma de arte.
El Fungi Film Fest nos enseñó que los hongos no solo existen en el bosque, sino también en nuestras narrativas, nuestras comunidades y nuestras pantallas. Y, como el micelio que crece silencioso bajo tierra, también ahí están —listos para conectarnos, sorprendernos y recordarnos que la vida es mucho más vasta de lo que vemos a simple vista.




