Hay lugares donde las setas no son únicamente un recurso natural, sino una parte inseparable del paisaje, de la cultura y de la economía local. El valle de Ultzama es uno de ellos.
Situado en el corazón de Navarra, a pocos kilómetros de Pamplona, este territorio de prados, robledales y hayedos lleva décadas demostrando que es posible compatibilizar la pasión por la micología con la conservación del monte y el desarrollo rural.
Dentro de la serie dedicada a los grandes acotados micológicos de la península, el Parque Micológico de Ultzama ocupa un lugar destacado. No solo por la extraordinaria riqueza de sus bosques, sino porque fue uno de los proyectos pioneros en España en apostar por una gestión ordenada y sostenible del recurso micológico, convirtiéndose en un referente para muchas iniciativas posteriores.

Un valle privilegiado para las setas
La geografía de Ultzama reúne muchos de los ingredientes que hacen de un territorio un paraíso para los aficionados a la micología. El clima atlántico, con abundantes precipitaciones y temperaturas suaves, favorece largas temporadas de fructificación. A ello se suma un mosaico de hábitats formado por extensos robledales, hayedos, castañares, pinares y praderas que multiplica la diversidad de especies.
Durante el otoño, los bosques del valle ofrecen algunas de las especies más apreciadas por los recolectores. Es habitual encontrar boletos, entre ellos el apreciado Boletus edulis y sus especies afines, además de rebozuelos, trompetas de los muertos, russulas, lactarios y numerosas setas de interés gastronómico.
Pero Ultzama no vive exclusivamente del otoño. Las condiciones climáticas permiten que la actividad micológica se extienda durante buena parte del año, con especies primaverales y estivales que convierten al valle en un destino habitual para naturalistas y fotógrafos.

Un proyecto pionero de gestión sostenible
Cuando el auge de la micología comenzó a atraer a miles de visitantes a los montes españoles, muchos territorios tuvieron que enfrentarse a un problema inesperado: el incremento de la presión recolectora sobre los ecosistemas forestales.
En Ultzama se entendió pronto que el recurso micológico necesitaba una planificación específica. La riqueza del valle constituía una oportunidad económica y turística, pero también un patrimonio natural que debía conservarse para las generaciones futuras.
Así nació el Parque Micológico de Ultzama, uno de los primeros espacios regulados de España en desarrollar un modelo integral de gestión del aprovechamiento micológico. Su filosofía era sencilla, aunque innovadora para la época: ordenar la recolección, garantizar la conservación de los ecosistemas y generar beneficios para las comunidades locales.
Lejos de plantear restricciones arbitrarias, el sistema buscaba encontrar un equilibrio entre el uso recreativo, el aprovechamiento tradicional y la protección del monte.
El sistema de permisos
Uno de los pilares fundamentales del parque es el sistema de permisos de recolección. La obtención de autorizaciones permite controlar la presión sobre los diferentes montes y establecer límites razonables de aprovechamiento.
Este modelo aporta múltiples ventajas:
- Evita una explotación excesiva del recurso.
- Facilita el seguimiento científico de las producciones micológicas.
- Contribuye a financiar trabajos de conservación y mantenimiento.
- Genera ingresos para los municipios propietarios de los montes.
- Mejora la experiencia de los visitantes al reducir la masificación.
Con el paso de los años, este sistema ha demostrado que la regulación no es incompatible con el disfrute del monte, sino una herramienta para garantizar su conservación.

Mucho más que recoger setas
Uno de los aspectos que distingue a Ultzama es su apuesta por la divulgación ambiental. El parque nació con una clara vocación educativa, promoviendo una forma responsable de entender la micología.
La recolección sostenible implica mucho más que llenar la cesta. Supone conocer las especies, respetar los hábitats y comprender el papel que desempeñan los hongos en el funcionamiento de los ecosistemas forestales.
Los hongos son recicladores naturales de materia orgánica, establecen relaciones simbióticas con los árboles y contribuyen a mantener la salud de los bosques. La presencia de una comunidad fúngica diversa es, en muchos casos, un excelente indicador del buen estado de conservación del monte.
En Ultzama, esta visión ha estado presente desde el inicio del proyecto, convirtiendo la educación ambiental en uno de sus principales valores.

Un modelo para otros acotados
El éxito del Parque Micológico de Ultzama ha servido de inspiración para numerosos proyectos desarrollados posteriormente en diferentes comunidades autónomas.
La experiencia ha demostrado que la gestión ordenada del recurso micológico aporta beneficios en varios niveles:
- Conserva la biodiversidad forestal.
- Favorece un aprovechamiento racional de las setas.
- Impulsa el turismo de naturaleza.
- Genera actividad económica en el medio rural.
- Refuerza el vínculo entre la población local y su patrimonio natural.
En un contexto en el que el interés por la micología sigue creciendo año tras año, modelos como el de Ultzama muestran el camino hacia una gestión equilibrada y sostenible.

Consejos para visitar el Parque Micológico de Ultzama
Quienes se acerquen al valle para disfrutar de sus bosques pueden contribuir también a su conservación siguiendo unas sencillas recomendaciones:
- Obtener el permiso correspondiente antes de la recolección.
- Utilizar cesta de mimbre u otros recipientes que permitan dispersar las esporas.
- Cortar las setas cuidadosamente sin alterar el micelio.
- Evitar remover el suelo con herramientas.
- Respetar los cupos establecidos.
- No recoger ejemplares desconocidos o en mal estado.
- Mantener el monte limpio y respetar caminos y propiedades.
Estas prácticas ayudan a conservar el recurso y garantizan que futuras generaciones puedan seguir disfrutando de la riqueza micológica del valle.

Ultzama, un ejemplo de futuro
La historia del Parque Micológico de Ultzama demuestra que la mejor forma de proteger un recurso natural no es impedir su uso, sino gestionarlo con conocimiento y responsabilidad. Hace ya muchos años que este valle navarro entendió que las setas podían convertirse en un motor de desarrollo rural sin comprometer la salud de sus bosques.
Hoy, cuando la regulación de los aprovechamientos micológicos es una realidad en numerosos territorios, Ultzama sigue siendo uno de los grandes referentes de la micología sostenible en España. Un lugar donde tradición, ciencia y conservación caminan de la mano, recordándonos que una cesta llena de setas siempre tiene más valor cuando procede de un bosque bien cuidado.




