Un bosque que se convierte en referente micológico
El Parque Micológico de la Comunidad de Albarracín —una vasta extensión forestal que abarca unas 62.000 hectáreas bajo gestión comunal— se ha convertido en un espacio de referencia por su apuesta por la sostenibilidad, la conservación de la biodiversidad y la valorización de los recursos micológicos en clave de desarrollo rural.
La Sierra de Albarracín no es solo monte y setas: es un territorio donde tradición, ciencia y turismo conviven, generando oportunidades que van más allá de la recolección —impulsando investigación, identidad local y economía sostenible.
El evento: un encuentro de micología, ciencia y comunidad
Los días 24 y 25 de octubre de 2025 tuvieron lugar en Orihuela del Tremedal (Teruel) las jornadas del Living Lab Fungiverso, un proyecto que promovía el intercambio de buenas prácticas en el aprovechamiento sostenible del recurso micológico. Participaron investigadores, gestores forestales, recolectores, micoturistas, emprendedores rurales, y representantes de distintos territorios de España y del extranjero. (CITA ARAGÓN)
Durante estas jornadas se llevaron a cabo paseos al monte, visitas al entorno forestal regulado del parque, encuentros con asociaciones locales, presentación de iniciativas de micoturismo, y un punto de comercialización bajo la marca “Setas de Origen”, que pone en valor la trazabilidad y el origen controlado del producto.
El evento demostró que el micoturismo, la investigación forestal y la recolección sostenible pueden articularse como un proyecto comunitario, integrador y respetuoso con el entorno.

Científicos, monte y datos: el Observatorio Silvalia
Un elemento clave del proyecto es el Observatorio Silvalia, ubicado en el Puerto de Bronchales, a más de 1.600 metros de altitud. Allí, se han instalado parcelas experimentales y sensores para monitorear variables ecológicas esenciales —humedad, temperatura del suelo— así como para realizar muestreos periódicos de la diversidad fúngica. (Artículo en Diario de Teruel)
El objetivo no es solo aprovechar las setas sino comprender científicamente cómo la gestión forestal sostenible —respetando ciclos ecológicos y promoviendo la biodiversidad— beneficia al monte en su conjunto: hongos, fauna, flora y servicios ecosistémicos. Un enfoque científico que aporta rigor y respaldo a un modelo de gestión micológica responsable.

Economía local, micoturismo y valorización del territorio
El evento reivindicó el potencial del recurso micológico como motor de desarrollo rural. Bajo la marca “Setas de Origen Parque Micológico de Albarracín”, se impulsa una cadena de valor corta donde la recolección regulada, la trazabilidad, la transformación y la comercialización se realizan de forma sostenible y con conciencia territorial.
Esta apuesta no solo favorece la conservación del monte, sino que también ofrece oportunidades de empleo, turismo responsable y creación de valor añadido para comunidades rurales. Un ejemplo de cómo los recursos naturales pueden reconvertirse en una fuente de riqueza respetuosa y duradera.

El reconocimiento internacional: sello de excelencia
Como broche del evento, el European Mycological Institute (EMI) otorgó al Parque Micológico de Albarracín la distinción Fungi Friendly Forest (FFF), con la máxima calificación de excelencia. Este sello pone en valor la gestión integral del monte: conservación, ciencia, regulación, participación local y valorización sostenible del recurso micológico.
Este reconocimiento internacional confirma que la Sierra de Albarracín es hoy un referente global en micología sostenible, y que su modelo podría ser replicable en otros territorios que busquen armonizar naturaleza, economía y comunidad.

Un camino de futuro: naturaleza, ciencia y comunidad
El evento de octubre demostró que los hongos pueden ser mucho más que un recurso silvestre: pueden constituirse en una puerta hacia un modelo de desarrollo rural diferente, basado en la sostenibilidad, la investigación, la tradición y el respeto por el monte. El Parque Micológico de Albarracín, con su nueva distinción FFF, ofrece un ejemplo real de ello.
Su éxito invita a pensar en un futuro donde los bosques no solo se gestionen para madera o leña, sino como ecosistemas completos —con biodiversidad, valor cultural, potencial económico y conciencia ecológica. Un bosque habitado no sólo por árboles, sino por experiencias, comunidades y vida.




