Es muy común la incomprensión que sufrimos los aficionados a la micología por parte de familiares, amigos y conocidos cuando intentas explicar la gran satisfacción que te causa tu afición. En un principio, y a lo más que se llega, es a visualizar las suculentas setas que solemos regalarles en algunas de nuestras excursiones recolectoras, como ofrenda a su parentesco o amistad.

Ahora, el día que deciden por fin acompañarnos en una de nuestras típicas jornadas de setas, quedan tan prendidos que es fácil que se vuelva pesada y cansina su insistencia en repetir.

Cuántos aficionados lo habrán sido gracias a ese primer paso que dieron un día y decidieron ir a recolectar setas y hongos, y claro, como resistirse al aire puro, a las formas, colores y sonidos del bosque, y más si lo nutres y riegas como bien sabemos los más veteranos del lugar.

El “Shinrin Yoku” o baño forestal

Desde la década de los 80 del siglo pasado se inició por la Agencia Forestal de Japón la práctica conocida como “Shinrin Yoku” con el fin de promover el aprecio por los espacios abiertos, la naturaleza, las montañas, la flora y la fauna, para obtener una sanación de la población urbanita que tanto sufría, y sigue sufriendo, de estrés y ansiedad.

Y es que pasear por los bosques produce un notable descenso en los niveles de depresión, ansiedad, confusión, ira o fatiga. Todo ello sin dejar de lado la mejora en la vigorosidad muscular que supone el andar por el monte.

Esta terapia forestal de sumergirse en la salvaje naturaleza mejora el estado del cuerpo y de la mente. Se trata de una terapia que muchos, sin darnos cuenta, practicamos de forma innata, el cuerpo al fin y al capo sabe mejor que nadie lo que precisa para sanar, sólo hay que escucharlo. Caminar por el monte recolectando setas y hongos silvestres es uno de los mayores placeres que reconfortan la salud mental y física (https://www.cestaysetas.com/micoturismo/).

Los sonidos de la naturaleza

El propio silencio del bosque ya es de por sí relajante. Sentir la gran inmensidad a la que te sumerges cuando visitas un bosque, produce ese impás en los sentidos que permite reordenar tu pensamiento.

En el año 2017 unos investigadores de la Escuela de Medicina de Brighton y Sussex realizaron un estudio sobre la influencia de la reproducción de sonidos de la naturaleza que afectan a los sistemas corporales que controlan los sistemas nerviosos autónomos de vuelo o susto y de digestión en reposo, con efectos asociados en la actividad del reposo del cerebro.

En dicho estudio se determinó que el suave burbujeo de los arroyos o el sonido del viento al incidir sobre la vegetación pueden ayudar a mejorar el estado de nuestra mente y cuerpo mediante la relajación que producen.

La autora principal, la Dra. Cassandra Gould van Praag, dijo: «Todos estamos familiarizados con la sensación de relajación y ‘desconexión’ que proviene de un paseo por el campo, y ahora tenemos evidencia del cerebro y el cuerpo que nos ayuda entienda este efecto. Esta ha sido una colaboración emocionante entre artistas y científicos, y ha producido resultados que pueden tener un impacto en el mundo real, particularmente para las personas que están experimentando altos niveles de estrés «.

Respirar por el bosque

Todos sabemos que los bosques son grandes pulmones que fabrican oxígeno con el que enriquecer nuestra desgastada atmósfera. Caminar por el bosque respirando oxígeno “recién sacado de fábrica” es todo un privilegio para aquellos que solemos visitarlos con la mayor asiduidad posible.

Las plantas y árboles también liberan sustancias a la atmósfera como consecuencia de diversas funciones metabólicas. Estas sustancias volátiles llamadas fitoncidas forman parte de los aceites esenciales de las plantas y forman parte de su sistema de defensa.

Los principales componentes de las fitoncidas son los llamados terpenos como el eucaliptol, mentol, limoleno, mirceno, pineno, linalool, humuleno y un largo etcétera, y todas ellas con marcadas y diversas propiedades curativas: estimulan las células inmunitarias, tan necesario en estos días, reducen el estrés, favorecen el sueño, mejoran el humor y con efectos antifúngicos, antibacterianos y antivíricos.

Pero no sólo las plantas son los causantes directos de la terapia aromática del bosque, algunas bacterias inocuas como la Mycobacterium vaccae se hallan pululando por el aire. Su respiración produce una activación directa del campo neuronal, al entrar en contacto con las neuronas las activa de tal modo que les hace aumentar la producción de serotonina, el gran neurotransmisor del bienestar, lo que se traduce en una mejora en la estructura del pensamiento, en el humor y en el refuerzo del sistema inmunológico. Su presencia es notable en el aire, ya que desprenden el típico aroma a tierra mojada, de ahí la gran satisfacción que produce respirar hondo y fuerte tras unas lluvias caídas.

“Abrazárboles”

Pues sí, también abrazar a los árboles puede ayudar a mejorar la salud de la que gozamos. La “silvoterapia”, como se llama a esta otra terapia forestal, es una terapia de raíces casi milenarias, ya el mundo celta era sabedor de los beneficios que reportaba su práctica.

Miguel Herrero Uceda, escritor y naturalista, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y autor de “El alma de los Árboles” recalca como “los árboles son los únicos seres vivos que han sido testigos de diferentes eras geológicas y de todas nuestras transformaciones”.

Al tocar un árbol nuestros patrones vibratorios cambian y con ello nuestros comportamientos biológicos, los efectos dependen de cada especie de árbol. El libro “Blinded by Science” (=Cegado por la Ciencia) su autor Matthew Silverstone explica algunos de los beneficios que aportan los árboles a la salud, sobre todo en la lucha contra las enfermedades mentales (https://tienda.cestaysetas.com/libros-y-revistas_12/). Hay claras mejoras en el Trastorno de Hiperactividad por Déficit de Atención (ADHD sus siglas en inglés), también se produce un aumento en la atención y concentración, y además mejora el tiempo de reacción y los estados depresivos. Pero no hace falta padecer de patologías severas, un simple dolor de cabeza puede verse aliviado con abrazar al árbol correcto.

Efecto Recompensa

Y claro, ya que somos recolectores, no sólo paseamos, respiramos, tocamos y sentimos a la naturaleza, sino que además tenemos el valor añadido de poder llevarnos parte de esa naturaleza a casa, me refiero a nuestra sana y sabrosa recompensa “las setas” (https://www.cestaysetas.com/).

El efecto recompensa, tan estudiado en psicología, es ese conjunto de mecanismos guiados por nuestro encéfalo que permiten asociar a ciertas situaciones, como puede ser el recolectar setas, con una grata sensación de placer, ya que son futura comida.

Es a través consecuencia de la producción de “dopamina” por la que se produce esa clara excitación cuando encontramos un buen setal que colme nuestra cesta. ¿No negaremos que no notamos ese potente “subidón”, como si estuviéramos realmente dopados, cuando vemos un grupo de 15 o 20 boletus o cesáreas?, por lo menos no seré yo el que lo niegue.

Esto es sólo al pasear recolectando, hablar de la importancia de ir bien acompañado, pegarse un buen almuerzo, ir al pueblo cercano a llevarte un pedacito de su gastronomía o artesanía, es hacerlo ya en otro artículo que nos ayude a comprender mejor “porqué somos como somos los amantes a la recolección y micología”. Ahora ya no tienes excusa para no ir al bosque a recolectar “salud” y “buenos momentos”.

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