Los hongos son uno de los grupos de organismos más importantes y antiguos del planeta. Aunque su presencia es ubicua en los ecosistemas actuales participando en ciclos de nutrientes, simbiosis con plantas y procesos de descomposición, su origen profundo sigue siendo uno de los capítulos más fascinantes y complejos de la historia de la vida en la Tierra.
La escasez de un registro fósil extenso debido a la fragilidad de sus estructuras y a una preservación poco frecuente, ha hecho que la reconstrucción de su pasado evolutivo combine evidencia fósil, relojes moleculares y análisis filogenéticos. Con los últimos descubrimientos, podemos trazar una cronología biológica progresiva que sitúa a los hongos como uno de los linajes eucariotas más antiguos conocidos.
Cronología de los principales hallazgos fósiles de hongos
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Relojes moleculares y origen profundo de los hongos (1400–900 millones de años)
Antes de que existieran fósiles inequívocos, los relojes moleculares -análisis sobre tasas de mutación genética y divergencia de linajes- sugerían que los ancestrales de los hongos surgieron hace mucho más que 1 000 millones de años, posiblemente entre 900 y 1 400 millones de años atrás, mucho antes de que las plantas terrestres colonizaran los continentes.
Estas estimaciones respaldan que los hongos habrían sido parte de los primeros eucariotas multicelulares y de los primeros organismos en explorar hábitats terrestres, aunque sus restos físicos no se conservaran fácilmente.
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Ourasphaira giraldae – el registro fósil más antiguo encontrado (900–1000 millones de años)
El salto más importante en la paleomicología se produjo en 2019 con el descubrimiento en el Ártico canadiense (Formación Grassy Bay) de microfósiles multicelulares identificados como hongos primitivos, nombrados Ourasphaira giraldae.
Estos microfósiles presentan características típicas de hongos, como paredes celulares con quitina y filamentos ramificados, y se datan entre aproximadamente 900 y 1 000 millones de años, empujando el registro fósil de hongos cientos de millones de años atrás respecto a lo que se conocía antes.
Este hallazgo no solo representa el fósil de hongo más antiguo conocido hasta la fecha, sino que además indica que si estas interpretaciones son correctas los hongos existieron mucho antes de la aparición de las primeras plantas terrestres pluricelulares.

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Tortotubus protuberans – el signo temprano de vida terrestre (440 millones de años)
Antes de la evidencia canadiense, uno de los fósiles fúngicos más antiguos y menos controvertidos hasta hace poco era Tortotubus protuberans, un organismo filamentoso interpretado como un hongo o relacionado con hongos, datado en el Silúrico temprano (440 millones de años).
Este fósil constituía durante décadas un punto de referencia clave para los estudios de la colonización terrestre por organismos eucariotas.

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Registro fósil de hongos del Paleozoico Medio y Devónico (450–407 millones de años)
Con el avance de la exploración fósil y la microscopia, se han identificado otros restos fúngicos sedimentarios y estructuras filamentosas que se interpretan como hongos verdaderos o asociados:
- Especies fúngicas de 410–450 millones de años encontradas en Wisconsin (EE. UU.) y Escocia, que representan hongos claramente asociados a ambientes marinos y terrestres tempranos.
- Potteromyces asteroxylicola, identificado como un hongo patógeno vegetal con alrededor de 407 millones de años, documentado en los famosos yacimientos del Rhynie Chert en Escocia.
- Estos registros fósiles del Devónico constituyen evidencia directa de hongos ya integrados en ecosistemas terrestres complejos, interactuando con las plantas primitivas.
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Hongos del Mesozoico y Cretácico (145–100 millones de años)
Conforme los ecosistemas terrestres evolucionaron, también lo hicieron los hongos. Se han descubierto fósiles más modernos como:
- Gondwanagaricites magnificus, un hongo con láminas datado en el Cretácico temprano (115 millones de años) que representa uno de los primeros hongos con forma de seta claramente reconocible en el registro fósil.
Además, se han identificado restos fósiles en ámbar de hongos parásitos eucariotas que datan de hace 99 millones de años, mostrando complejas interacciones ecológicas con insectos.

Resumen cronológico de hallazgos fósiles relevantes
| Época geológica | Hallazgo fósil o evidencia | Antigüedad aproximada (Ma) |
| Protocolon (tecnología
molecular) |
Relojes moleculares del linaje fúngico | 1400-900 |
| Mesoproterozoico /
Neoproterozoico |
Ourasphaira giraldae
microfósiles fúngicos |
900-1000 |
| Silúrico temprano | Tortotubus protuberans | 440 |
| Ordovícico tardío /
Devónico |
Hongos filamentosos de
Wisconsin y Escocia |
410-450 |
| Devónico | Potteromyces asteroxylicola
(hongo patógeno) |
407 |
| Cretácico | Gondwanagaricites magnificus
(seta fósil) |
115 |
| Cretácico (ámbar) | Hongos parásitos en insectos | 99 |
¿Qué nos dicen estos hallazgos?
- Antigüedad extrema: El registro fósil de Ourasphaira sugiere que la historia de los hongos se remonta por lo menos a casi 1000 millones de años antes del presente, y posiblemente más si se tienen en cuenta relojes moleculares.
- Colonización terrestre previa a las plantas: La evidencia fósil y molecular indica que los hongos pueden haber colonizado ambientes terrestres mucho antes que las plantas multicelulares, desempeñando un papel clave en la preparación de los suelos para la vida vegetal posterior.
- Diversificación temprana: Ya en el Paleozoico medio, hace 450 Ma, los hongos estaban integrados en redes ecológicas terrestres, estableciendo relaciones con plantas y otros organismos.
- Registro fragmentado: Debido a su naturaleza delicada, los hongos tienen un registro fósil disperso, que combina microfósiles, filamentos, esporas y estructuras preservadas en ámbar o en cherts silíceos.

Concluyendo …
La evidencia actual sitúa a los hongos entre los grupos de eucariotas más antiguos de la Tierra, con orígenes probables que pueden remontarse a más de 1000 millones de años atrás y una presencia continuada a lo largo de toda la historia terrestre hasta nuestros días.
Su escaso pero creciente registro fósil, junto con herramientas genómicas y relojes moleculares, nos permite reconstruir una historia profunda en la que los hongos no solo sobrevivieron, sino que modelaron activamente los ecosistemas terrestres que posteriormente serían colonizados por las plantas.




