Hace unos días, el domingo 24 de mayo se ha producido una de las primeras intoxicaciones conocidas en España tras el confinamiento, concretamente 4 miembros de una familia de Pamplona por consumo presuntamente de una especie considerada buen comestible, Aspropaxillus lepistoides, conocida anteriormente con el nombre de Leucopaxillus lepistoides. Dicha especie no es una especie comercializable (REAL DECRETO 30/2009) pero que es una especie que cada año es más conocida por los aficionados, debido a su buen aroma, gran tamaño y gran carnosidad, que permite la preparación de numerosos platos como revueltos o como guarnición de carnes y pescados o incluso para hacer croquetas. Debido a esto tiene numerosos nombres vulgares en castellano, entre los que destacan blanquilla de otoño (Palencia), pan de pueblo (Salamanca), perrochico tardío (La Rioja), seta de Sanmiguelada (Zaragoza), seta de chaparra (Teruel) y seta de piedra (Madrid y Cuenca) o en euskera como udazkeneko perretxico, urdatzengo zuza (Vizcaya) (ORIA DE RUEDA & col., 2007).

Episodio de intoxicación

Cuatro miembros de una misma familia de la localidad navarra de Pamplona, el pasado domingo 24 de mayo han sufrido una intoxicación presuntamente tras el consumo de una especie considerada comestible, Aspropaxillus lepistoides, recolectadas en las praderas y pastizales de las Ameskuas en pleno Parque Natural de la Sierra Urbasa y Andia, procediendo todos los ejemplares presumiblemente del mismo “corro de brujas”, es decir, del mismo micelio. Los primeros síntomas aparecieron al cabo de 5 horas posteriores a la ingesta, sufriendo todos problemas gastrointestinales como dolores abdominales, náuseas y vómitos, no revistiendo ningún peligro de gravedad.

Los ejemplares fueron recolectados confundidos con una de las especies más apreciadas de la primavera por los aficionados, como es la seta de San Jorge o perretxico (Calocybe gambosa). Tras la intoxicación algunos ejemplares no consumidos fueron estudiados por el prestigioso micólogo Luis Miguel García Bona, que concluye que morfológicamente encaja con Aspropaxillus lepistoides, pero que presenta las esporas más ovoides y más pequeñas de lo que indica la bibliografía por lo que se podría tratar de una nueva especie o variedad que está siendo estudiada en detalle. Ambas especies, C. gambosa y A. lepistoides son bastante similares, pues presentan el cuerpo fructífero de color blanquecino con las láminas adnatas y un aroma harinoso, fructificando ambas en grandes grupos conocidos vulgarmente como “corros de brujas”, pudiendo incluso compartir hábitats en las mismas zonas. Quizás la diferencia más notable es que los ejemplares jóvenes de A. lepistoides tienen los bordes del sombrero bastante enrollados y las esporas son amiloides, es decir, que contienen almidón en sus paredes celulares por los que se tiñen de gris azulado con el reactivo de Melzer.

Buena recolecta de Aspropaxillus lepistoides. Crédito Constantino Huidobro.
Buena recolecta de Aspropaxillus lepistoides. Crédito Constantino Huidobro.

Descripción de la presunta especie causante

Es una especie que presenta un cuerpo fructífero muy carnoso, que puede alcanzar grandes dimensiones, superiores incluso a 30 cm de diámetro, superando incluso los 3 Kg de peso. El sombrero es de color blanquecino, a veces con esfumaciones verdes o azuladas, inicialmente liso y subgloboso con los márgenes bastante enrollados, que se agrieta y se vuelve plano convexo con la edad. Las láminas son adnatas, bastante apretadas, inicialmente blanquecinas que se vuelven ocráceas con la edad. El pie es bastante corto y grueso de color blanquecino, pruinoso en la parte superior, atenuado y a veces con tonos verde azulados hacia la base. La carne es espesa blanquecina, que desprende un olor agradable harinoso y sabor agradable bastante dulzón.

Fructifica en primavera y otoño en grandes grupos de numerosos ejemplares en corros de brujas en praderas, pastizales y páramos de montaña, generalmente por encimas de los 800 metros de altitud con preferencia por suelos calizos, pedregosos y arcillosos de la mitad este peninsular (Álava, Burgos, Cuenca, Madrid, Navarra, La Rioja, Valladolid, Teruel, Zaragoza), aunque se ha observado en suelos silíceos de algunas provincias del oeste peninsular (Cáceres, León, Salamanca, Zamora). Es una especie bastante rara, pero abundante en las zonas de recolecta, llegándose a recolectar algunas veces hasta 30 Kg en el mismo micelio. Se recomienda evitar la recolección de ejemplares muy jóvenes, ya que es una especie que alcanza grandes tamaños.

A modo de curiosidad se ha observado que en algunas zonas de Palencia se localizan los setales observando las grandes bandadas de cornejas negras (Corvus corone) que van a alimentarse de esta seta (ORIA DE RUEDA & col., 2007).

Aspropaxillus lepistoides. Crédito Cándido Sos.
Aspropaxillus lepistoides. Crédito Cándido Sos.

Principales confusiones

La confusión más peligrosa es con la falsa seta de San Jorge (Pseudoclitopilus rhodoleucus), especie tóxica que provoca graves problemas gastrointestinales, que presenta las láminas subdecurrentes rosáceas que se vuelven blanquecinas con la edad, el olor desagradable que recuerda al jabón que fructifica en grandes grupos en corros de brujas en ocasiones en hábitats similares en la misma época (MARCOS, 2019). Otra confusión peligrosa es la seta engañosa o pérfida (Entoloma sinuatum), especie tóxica que provoca graves problemas gastrointestinales, que presenta las láminas ocre rosáceas en la madurez que fructifica preferentemente en suelos ácidos asociada a fagáceas (castaños, hayas, robles, encinas) generalmente en verano y otoño, aunque también se ha observado ocasionalmente en primaveras lluviosas y cálidas en algunas zonas mediterráneas.

Pero la especie más próxima y parecida es la cándida (Aspropaxillus candidus), especie considerado buen comestible, que presenta el sombrero más embudado sin tonos verdosos y las láminas decurrentes, que fructifica en verano y otoño en prados, pastizales y claros de todo tipo de bosques en zonas montañosas. Otras posibles confusiones pueden producirse con la seta de San Jorge (Calocybe gambosa), especie excelente comestible, como ya se ha explicado anteriormente o incluso con ejemplares grandes de la seta de cañaeja (Pleurotus eryngii var. elaeoselini), excelente comestible que presenta las láminas muy decurrentes que fructifica en grandes grupos durante la primavera asociada a la cañaheja o el zumillo (Thapsia villosa).

En menor medida algunos aficionados inexpertos pueden confundir esta especie con champiñones gigantes (Agaricus crocodilinus), que presentan las láminas libres, inicialmente rosáceas que se vuelven negras en la madurez y el pie con un anillo característico que no presenta A. lepistoides, pudiendo compartir hábitat y época de recolección, ya que fructifica en grandes grupos formando corros de brujas preferentemente en suelos básicos (más raro en suelos ácidos) en praderas, pastizales y claros de bosques en primavera y otoño.

Pseudoclitopilus rhodoleucus. Crédito Javier Marcos.
Pseudoclitopilus rhodoleucus. Crédito Javier Marcos.

Hipótesis de la intoxicación

La intoxicación prácticamente descarta una intoxicación extrínseca producida por algún tipo de pesticida, contaminante, microelemento o metal pesado absorbido por la seta, ya que fueron recolectadas en una zona dentro del Parque Natural de Urbasa y Andia que no se utilizan fertilizantes ni pesticidas, ni apenas pasan coches. También parece descartar que se produjera por otros alimentos, ya que fueron consumidas y preparadas de forma diferente días diferentes, cuyo alimento en común solo eran las setas. Además, queda descartada una posible confusión con algunas especies tóxicas parecidas porque todos los ejemplares presuntamente proceden del mismo micelio y tampoco presentan parásitos o signos de mal estado que pudieran ser responsables de la intoxicación.  Por tanto, todas las sospechas recaen directamente sobre la especie de seta que consumieron, de la que ya se tenía constancia anteriormente de algunos casos aislados de intoxicaciones de tipo gastrointestinal similares a lo acontecido a esta familia en diversos puntos de España, muchos de ellos en pequeñas cantidades, a pesar de que no hay ninguna publicación científica conocida al respecto. También se tiene constancia de casos de intoxicaciones similares por consumo de la cándida (A. candidus) de lo que se desconocen publicaciones científicas al respecto.

Dado que se trata de una especie bastante consumida por los aficionados y los presuntos casos conocidos de intoxicación son bastante aislados, por tanto, poco significativos desde el punto de vista estadístico, parece que la hipótesis más probable (no confirmada) es que se trate un cuadro de intolerancia producido por alguna sustancia, posiblemente altos contenidos de azúcares poco digeribles como la trehalosa y el manitol observados en especies próximas como la cándida (A. candidus) (VIEIRA & col., 2016). Los casos de intolerancia por setas se producen de forma aislada en otras especies comestibles y muy apreciadas por los aficionados, en las que nadie pone en duda su comestibilidad, como son los boletos (Boletus spp.), los parasoles (Macrolepiota spp.), el pie azul (Lepista nuda), el pie violeta (Lepista personata) o los rebozuelos (Cantharellus spp.). Algunos autores citan vagamente posibles problemas de intolerancia en especies de Aspropaxillus debido a la presencia de antibióticos como la clitocibina (ARRILLAGA & col., 2005).

Ante esta situación se recomienda precaución con el consumo de esta especie, pues se desconocen las causas reales de las intoxicaciones, en caso de posible intolerancia evitar su consumo. Por precaución se dan las mismas recomendaciones para especies próximas como la cándida (A. candidus).

En caso de intoxicación se recomienda acudir rápidamente al centro de salud más cercano o llamar al teléfono del Servicio de Información Toxicológica: 915620420 (con atención 24 horas de todos los días del año por personal especializado) y seguir sus instrucciones.

Aspropaxillus candidus. Crédito Javier Marcos.
Aspropaxillus candidus. Crédito Javier Marcos.

Agradecimientos

A mis buenos amigos Cándido Sos y Constantino Huidobro por la cesión de fotografías de Aspropaxillus lepistoides y a Luis Miguel García Bona y Pedro Arrillaga por los datos aportados en la micolist.

Bibliografía

Artículos:

VIEIRA, V.; BARROS, L.; MARTINS, A. & I.C.F.R. FERREIRA (2016). Nutritional and biochemical profiling of Leucopaxillus candidus (Bres.) Singer wild mushroom. Molecules 2016, 21(1), 99.

Libros:

ARRILLAGA, P.; AVILES, J. & X. LASKIBAR (2005). Setas e intoxicaciones. Munibe. Aranzadi, Suplemento 22. 142 pp.

ORIA DE RUEDA, J.A.; GARCÍA, C.; MARTÍN, P.; MARTÍNEZ, A.; OLAIZOLA, J.; DE LA PARRA, B.; FRAILE, R. & M.A. ALVAREZ (2007). Hongos y setas. Tesoros de nuestros montes. Ediciones Cálamo S. L. Palencia.280 pp.

MARCOS, J. (2019). Guía de mano de Cesta y Setas. Cesta y Setas. 424 pp.

Normativa:

Real Decreto 30/2009, de 16 de enero, por el que se establecen las condiciones sanitarias para la comercialización de setas para uso alimentario. Ministerio de la Presidencia. «BOE» núm. 20, de 23 de enero de 2009.

Páginas web:

GARCIA BONA, L.M. (2020). Primeras intoxicaciones de setas tras el confinamiento. Blog de Luis Miguel García Bona de observaciones de hongos de Navarra. Disponible en: https://hongosnavarragarciabona.blogspot.com/2020/05/primeras-intoxicaciones-de-setas-tras.html?spref=fb&fbclid=IwAR0HeQZaZROtGwZi171CmLS2H7oMEbSgsBniX-q1kbitEyDVutRpys5eBSU [Consultado el 31-05-2020]

1 Comentario

  1. Tras las investigaciones me comunican que se ha encontrado la presencia de cristales insolubles en agua y en alcohol tras analizar algunos ejemplares de la intoxicación al microscopio, por lo que se abriría una nueva hipótesis de una intoxicación extrínseca producida por agentes externos como algunos biocidas (dado la zona donde se produjo, apenas se usan biocidas por lo que parece descartable) o elementos contaminantes procedentes de la orina de ganado como compuestos orgánicos halogenados (aunque parezca mentira esto puede ser más razonable pues hay gran abundancia de ganado en la zona).
    De todas formas no dejan de ser hipótesis hasta que se confirme la naturaleza de esos cristales mediante una cromatografía de gases o una cromatografía líquida de alta eficiencia (HPLC).

    Saludos.

    Javier Marcos.

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